Decía aquel legendario locutor y reconocido narrador deportivo, Pedro el “Mago” Septién, que: “si no fuera por el ampayer el béisbol sería, simplemente, una forma insensata de correr las bases”. Pues bien, parafraseándolo yo digo que, en nuestro querido deporte: “si no fuera por el árbitro, el fútbol sería una forma insensata de correr tras un balón”.
Los colegiados, con sus aciertos y con sus errores, no solamente “humanizan” el juego; sino que, le otorgan legitimidad al triunfo. Sin embrago, en nuestro medio, se ha abusado de hacer de los “hombres de negro” las verdaderas estrellas del balompié.
Y digo en nuestro medio, porque en la Copa del Mundo Qatar 2022, no se ha presentado el extraño y “mexicanísimo” fenómeno. Y no me vengan con que se debe a que los arbitrajes han sido pulcros e impolutos. “Aunque ha sido el Mundial de la Tecnología” y la cuestión tan tecnificada del fuera de juego ha acudido en auxilio de los jueces, se han cometido yerros imperdonables, sin que nadie se rasgue las vestiduras.
Por principio de cuentas debemos de mencionar que, para esta justa mundialista, el cuerpo arbitral está compuesto por once elementos. Sí, leyó usted bien, entre: el central, los linieros el cuarto y quinto oficial, VAR, AVAR y demás compinches, suman once. Al paso que vamos, pronto habrá más jueces que futbolistas.
Echando a volar la sinceridad, la labor de los silbantes ha sido más que aceptable; pero, siempre hay “prietitos en el arroz”. El pecado mortal, arbitralmente hablando, ocurrió cuando se jugaba el Bélgica vs. Canadá, corría el minuto 13 y el belga Eden Hazzar retrasó el balón dentro de su propia área penal, para que lo recibiera un atacante canadiense, para sorpresa de todos, el asistente de línea de Mozambique levantó su bandera indicando posición adelantada; pero, cuando ya no supe si llorar reír o materialmente ponerme a rezar, fue cuando el árbitro Janny Sikazawe, de Zambia, avaló la marcación con su ocarina ¡Por favor, el balón venía de un adversario!
Para acabarla de amolar, el futbolista adelantado recibió una plancha a manera de pisotón, que se antojaba para sancionar la pena máxima. Lo más grave de todo esto fue que se trató de una situación que era revisable por el VAR, que estaba a cargo de un venezolano, el cual brilló por su ausencia.
Sin embargo, no hemos escuchado a los canadienses quejarse amargamente ni culpar a los de negro de su infortunio.
En el Brasil vs Serbia, de doce faltas cometidas por los serbios nueve se las dieron a Neymar ¡Lo mataron a patadas!; tanto así, que el ariete brasileño tuvo que abandonar el terreno de juego al ser sustituido al minuto ochenta, lesionado. Le dejaron el tobillo como un melón, lo que provocó que el 10 carioca se haya perdido los dos siguientes juegos de la fase de grupos.
El silbante iraní Alireza Faghani se convirtió en “cómplice” del “juego sucio” y del anti-fútbol al olvidar que una de las principales funciones de un colegiado es velar por la integridad física de los jugadores.
Los que sí están que trinan son los uruguayos, a quienes les marcaron un par de penales inexistentes en contra (uno contra Portugal y otro contra Corea) y en el partido definitivo frente a Ghana, cuando agonizaba el encuentro, el VAR no intervino para revisar una, probable, falta sobre Cavani que se antojaba para que se sancionará la pena máxima en su favor para cambiar el destino.
En términos generales, nadie ha convertido a los colegiados en las estrellas del Mundial … a diferencia de lo que ocurre en México.

