Lo que se puede medir y evaluar, se puede mejorar; y en esa lógica, al término del ciclo anual, en la última semana de 2022, vale la pena hacer una revisión de lo planteado y lo alcanzado, ejercicio que aplica tanto a los temas institucionales, laborales o personales y, que más allá del rigor metodológico que se requiere en los casos de mayor relevancia y complejidad, como bien puede ser el comportamiento macroeconómico, o el desarrollo o ejecución de algún programa o proyecto gubernamental, también es cierto que en muchos de los casos es posible desde una perspectiva, una opinión personal, hacer un análisis y concluir cuál es el estado que guarda el desempeño de determinado sector o gobierno así como la gestión de sus actores más visibles.
La medición proporciona información que posibilita la evaluación, es decir, es previa y soporta los propósitos de valoración, en una relación en la que se constituyen en un solo componente, con la finalidad de determinar en qué medida se están cumpliendo metas u objetivos planteados y, por tanto, analizar dicho nivel de cumplimiento se convierte en retroalimentación que a la vez detecta fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas para el proyecto a través de información válida y confiable que brinda adicionalmente la oportunidad de optimizar esfuerzos.
Los resultados de la evaluación son también un referente de la eficiencia de los procesos, métodos y organización de las tareas, que permite hacer ajustes tendientes a lograr los resultados esperados, es decir, son elemento fundamental para la toma de decisiones, deslindar responsabilidades, replantear metas, definir criterios y determinar acciones que garanticen el avance en un proceso de avance y mejoramiento coherente y razonable; y así, la información obtenida permite comparar y reflexionar sobre la pertinencia de los resultados.
En general, cada uno podemos hacer el ejercicio de evaluar cualquier tema o instancia que sea de interés, e igualmente, en lo individual es saludable hacerlo con nuestros propios planes, proyectos y metas, en lo que independientemente del nivel de avance y éxito alcanzado, incluso cuando los resultados no son los que esperamos, con el simple hecho de hacer un alto para analizarlo, ya ganamos tanto por la retroalimentación y experiencia, como por la perspectiva y claridad de visión que seguro nos dará un mejor punto de partida para seguir adelante.
Sin embargo, lo que a título personal es una opción, para el caso de un gobierno, de una dependencia pública, es una obligación. La evaluación de la gestión gubernamental implica el monitoreo de diferentes elementos e indicadores con el propósito de hacer una valoración cuantitativa, que de cuenta sobre la capacidad de una institución para transformar sus insumos en resultados, orientados al cumplimiento de sus objetivos estratégicos y metas institucionales, como atribución y obligación normativa que, afortunadamente cada vez más, se entiende como un proceso de mejora continua, soportada en indicadores de gestión y evaluación de desempeño, así como la ejecución de un presupuesto basado en resultados; en el entendido de que las acciones de las instituciones públicas están destinadas a la creación de valor público, que tienen como propósito fundamental ampliar la cobertura y elevar la calidad de los bienes que producen y los servicios que prestan para satisfacer las necesidades de la población e impulsar el desarrollo del país.
Evaluar implica mejorar y aunque siempre es de esperarse que los resultados sean favorables, cuando no es así, hay que buscar como retomar el rumbo y alcanzar la meta.
2023 está por comenzar, y hago votos para que la salud y prosperidad sean la constante que nos acompañe en cada meta, en cada proyecto.
¡Feliz y próspero Año Nuevo!

