El show del «cumplido». Distinguido ciudadano del caos, es verdaderamente conmovedor observar cómo nuestra fauna política ha despertado de su letargo invernal. La reforma electoral de la presidenta Sheinbaum ha logrado el milagro: transformar el Congreso en un patio de recreo donde se intercambian retos de primaria y declaraciones con la profundidad de un charco tras la lluvia.
Nuestros abnegados líderes de partido se rasgan las vestiduras con un dramatismo que envidiaría cualquier protagonista de telenovela turca. Sin embargo, la estocada maestra llegó desde el púlpito presidencial: si la reforma naufraga, no hay drama, pues ella ya «cumplió con la gente» solo por proponerla. Es la lógica del gimnasta que se tropieza antes del salto pero exige la medalla de oro solo por haberse puesto el uniforme.
Al parecer, en la nueva política mexicana, gobernar es un deporte de participación donde la intención cuenta más que el resultado. Mientras los partidos ladran y la caravana pasa, nosotros nos quedamos con la cuenta del espectáculo.
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