La inusual irrupción del titular del Departamento de Estado de los Estados Unidos (DOS), Marco Rubio, en un mitin proselitista del mandatario Donald Trump en Austin, Texas, reavivó las denuncias por presuntas transgresiones a la normatividad comicial federal; el diplomático tomó el micrófono ante simpatizantes del Partido Republicano (GOP) para manifestar su respaldo a las candidaturas legislativas de cara a las elecciones intermedias, en una ruptura abierta de la tradición institucional que margina a la diplomacia de actos partidistas.
Convocado por el propio presidente estadounidense sobre la tarima, el funcionario externó: “Es un honor trabajar para el mejor país del mundo, para el mejor presidente en la historia de EE.UU. Los amamos, Texas, gracias”; el antecedente más cercano de un jefe de la diplomacia norteamericana en foros partidarios data de 2020, cuando Mike Pompeo intervino de forma remota en la convención republicana, suceso que motivó indagatorias formales en el Capitolio por posibles infracciones administrativas.
La presencia de Rubio colisiona con las disposiciones de la Ley Hatch (LH), ordenamiento legal que restringe la actuación política de servidores públicos federales y prohíbe el uso de facultades oficiales para orientar preferencias ciudadanas; ante esta situación, el organismo civil Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington (CREW) emitió este martes un informe donde denunció una serie sistemática de vulneraciones a dicho estatuto por parte de integrantes del gabinete federal.
En su pronunciamiento legal, CREW acusó a la administración republicana de instrumentalizar el aparato de gobierno para incidir en la contienda e inclinar los resultados hacia candidatos específicos; además del titular del DOS, la queja formal involucra la participación activa en eventos de campaña del secretario del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS), Markwayne Mullin; del titular del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos (USDT), Scott Bessent, y de la secretaria del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), Brooke Rollins.
El activismo de los secretarios federales ocurre en la antesala de los comicios del próximo 3 de noviembre, jornada en la que el oficialismo arriesga el dominio mayoritario del Congreso; las urnas definirán el relevo total de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos (USHR) y un tercio del Senado de los Estados Unidos (USS), espacios decisivos para determinar los contrapesos políticos al programa de gobierno de la Casa Blanca para la segunda mitad del mandato.
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