“Somos lo que hacemos repetidamente”.
Aristóteles
En cada ámbito del actuar humano encontramos personas extraordinarias, capaces de construir grandes obras, alcanzar resultados sobresalientes o protagonizar hazañas que para muchos parecerían imposibles. Por diferentes medios conocemos sus historias y solemos atribuir sus logros a una cualidad que admiramos profundamente: el talento. Hombres y mujeres excepcionales que, aparentemente, poseen capacidades que los distinguen del resto.
No obstante, cuando observamos con mayor detenimiento sus trayectorias, descubrimos que el talento ha sido una parte importante de sus resultados, pero difícilmente la única y, en ocasiones, ni siquiera la más determinante. Traigamos a nuestra memoria a cualquier personaje que haya construido una trayectoria extraordinaria. Independientemente de quién se trate, seguramente encontraremos en su historia algunas cucharadas de talento, pero ¿qué habría sido de ellas sin una buena dosis de disciplina y las condiciones adecuadas de su entorno?
Vamos por partes. Entiendo la disciplina como esa capacidad que nos permite actuar en función de nuestros objetivos, independientemente de nuestros deseos inmediatos o estados de ánimo. Pensemos en un corredor talentoso. Suena el despertador a las 4:30 de la mañana. Se encuentra cansado porque la noche anterior salió tarde del trabajo y durmió poco. Con esfuerzo logra incorporarse, se sienta sobre la cama y observa la lluvia caer tras la ventana. ¿Cómo responderá? ¿Tú qué harías? El corredor disciplinado, con o sin talento, encontrará la manera de cumplir con su compromiso. No permitirá que la falta de motivación determine sus decisiones y, siempre que las condiciones lo permitan, se calzará los tenis y saldrá a cumplir su sesión de entrenamiento.
Quien logra, mediante la disciplina, subordinar sus deseos inmediatos a sus objetivos de largo plazo encuentra una poderosa herramienta para desarrollar y potenciar su talento. Intentar construir algo verdaderamente significativo supone enfrentar dificultades, presión, fricción e incomodidad. Sin embargo, la repetición constante de pequeños esfuerzos, sostenidos durante largos periodos, suele traducirse en crecimiento. Aprender a convivir con la incomodidad, sin permitir que esta nos haga renunciar prematuramente, puede convertirse en una de nuestras mayores fortalezas.
Algo similar sucede con el entorno, entendido como el conjunto de condiciones y circunstancias que rodean a una persona. El talento combinado con la disciplina encontrará mayores posibilidades de desarrollarse en quien dispone de una alimentación adecuada, instalaciones deportivas y tiempo suficiente para entrenar, que en aquel que debe trasladarse durante horas, muchas veces en ayunas, para llegar a su centro de entrenamiento. Ambos pueden poseer el mismo talento y una disciplina extraordinaria, pero sus oportunidades no necesariamente serán las mismas.
Y aquí encuentro una reflexión adicional: así como debemos trabajar en nuestra disciplina, también podemos procurar construir mejores entornos, tanto para nosotros como para quienes nos rodean. Una familia que acompaña, un maestro que inspira, un jefe que desarrolla a sus colaboradores o una comunidad que genera oportunidades pueden convertirse en elementos determinantes para que el talento encuentre posibilidades de florecer.
Mi reflexión de hoy es una invitación a intentar, dejando por un momento de lado el brillo del talento, que tantas veces admiramos sin detenernos a observar el esfuerzo y las circunstancias que lo acompañan. Solemos renunciar antes de comenzar, convencidos de que no somos lo suficientemente talentosos, olvidando que nuestra disciplina, constancia, sacrificio y el apoyo de quienes nos rodean pueden resultar tan importantes como nuestras capacidades naturales.
Quizá debamos dejar de preguntarnos cuánto talento tenemos y comenzar a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestras capacidades, qué hábitos estamos construyendo y qué condiciones podemos mejorar para desarrollarnos.
Porque, aunque el talento puede representar una ventaja al comenzar, difícilmente será suficiente para llegar lejos. Y si algo está a nuestro alcance, es procurar que la falta de talento nunca se convierta en la excusa para no intentarlo.
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

