El partido empezó una hora tarde, pero el Estadio Ciudad de México no se apagó. La tormenta eléctrica retrasó el inicio del México contra Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026, y obligó a mover el silbatazo a las 19:00 horas, pero esto no fue suficiente para enfriar a una afición que llevaba días esperando una noche como esta. Desde las tribunas hasta las pantallas instaladas en distintos puntos de la metrópoli, el país esperaba a su selección en el último encuentro mundialista que se jugaría en el Coloso de Santa Úrsula durante esta edición. La carga no era menor. México volvía a disputar el llamado quinto partido después de 16 años, una frontera que durante mucho tiempo pesó más que cualquier estadística.
Antes de que rodara la pelota, el estadio regaló uno de los momentos más emblemáticos. El Himno Nacional resonó en el estadio; jugadores y afición lo cantaron al unísono, con una pertenencia que pocas veces se escucha. El silbatazo inicial llegó después de la espera. Inglaterra tocó su primer balón y la respuesta desde la tribuna fue inmediata: un abucheo intenso que marcó el tono del arranque. Cerca de los dos minutos, Declan Rice recibió tarjeta amarilla por una entrada sobre Luis Romo. México intentó responder pronto; al minuto tres, Raúl Jiménez probó de derecha desde fuera del área, después de una asistencia de Gilberto Mora, pero el remate fue rechazado.
El conjunto mexicano buscó empujar desde los primeros minutos con Roberto Alvarado y Julián Quiñones como vías para acelerar por los costados. Inglaterra trató de ordenar su salida con Jude Bellingham, Bukayo Saka y Harry Kane. Anthony Gordon fue el terror de la banda izquierda, donde puso a sudar al jugador de la Superliga de Grecia, Jorge Sánchez. Fue el delantero del Barcelona quien encontró una oportunidad al minuto 26, metiendo un disparo dentro del área que Raúl Rangel controló sin complicarse.
La primera gran llamada del Tricolor llegó al minuto 15. Raúl Jiménez ganó en el área y remató de cabeza tras un centro de Roberto Alvarado. Jordan Pickford reaccionó junto al poste y mandó la pelota a tiro de esquina. Poco después, Gilberto Mora también encontró un espacio por izquierda, aunque su disparo fue rechazado por la defensa inglesa. A la media hora, el equipo nacional empezó a ganar terreno y la grada acompañó cada pase con un “olé” que creció conforme Inglaterra retrocedía a su última línea.
El conjunto de los Tres Leones no necesitó demasiado para cambiar el rumbo. Al minuto 36, Jude Bellingham apareció en el área y conectó de cabeza un centro de Bukayo Saka para abrir el marcador. Dos minutos después, el propio jugador del Real Madrid volvió a golpear: recibió una asistencia de Harry Kane y definió de derecha, muy cerca del arco, para poner el 2-0. En apenas dos acciones, el cuadro europeo pasó de resistir la presión mexicana a tomar una ventaja que dejó un silencio breve sobre la arena.
México no se desarmó. Al minuto 42, antes de irse al descanso, una falta sobre Jesús Gallardo por la banda izquierda y una jugada nacida de pelota parada, Julián Quiñones aprovechó un rebote dentro del área y puso el 2-1 para los locales. El gol devolvió el pulso al Azteca, como señal de que el partido seguía abierto. Antes del descanso, Raúl Jiménez volvió a acercarse al arco inglés y obligó a Pickford a sostener la ventaja con otra intervención importante.
En el descanso, Jaime Camil y Saúl ‘Canelo’ Álvarez aparecieron como parte del espectáculo de medio tiempo y presentaron a Maná. El partido tenía pausa, lluvia, goles y varias polémicas arbitrales a manos del australiano Alireza Faghani, que cortó más de una vez el avance y el ritmo del juego.
El inicio del segundo tiempo explotó con intensidad. México movió piezas con el ingreso de Edson Álvarez por César Montes, un ajuste que no estaba contemplado. Inglaterra volvió a cargar sobre el área mexicana y, al minuto 48, un balón terminó en el poste izquierdo del arco mexicano. El aviso enfrió por segundos a la grada.
Alrededor del minuto 52, Jarell Quansah fue expulsado por una falta imprudente por la banda. La roja dejó a Inglaterra con diez hombres y abrió una posibilidad para México, aunque el partido volvió a cambiar muy rápido. Al 59, Harry Kane anotó el tercer gol desde la vía penal, después de una falta cometida por el portero del Rebaño en una mala cobertura del recién ingresado, Edson Álvarez. El capitán inglés cobró desde los once pasos y puso el 3-1 justo cuando el Tricolor tenía superioridad numérica, pero no control del marcador.
El conjunto anfitrión volvió a acercarse al 67. El Huracán británico cometió una falta sobre Bryan Gutiérrez y Raúl Jiménez tomó la responsabilidad de cobrar la pena máxima. El ‘Lobo de Tepeji’ puso el 2-3 y devolvió al Azteca una respiración que parecía perdida. La controversia volvió al minuto 71, antes de la pausa de hidratación. Jorge Sánchez reclamó un codazo de un rival, pero el amonestado fue él. México insistió en busca del empate, con más corazón competitivo que claridad en los metros finales. Inglaterra resistió con un hombre menos y administró la ventaja hasta el cierre.
El cierre dejó una sensación incómoda. La afición parecía descontenta por los movimientos del banquillo, entre ellos los ingresos de Santiago Giménez y Guillermo “Memote” Martínez, además de la salida de Julián Quiñones, quien había marcado el primer gol mexicano y se mantenía al frente del ataque. Álvaro Fidalgo y Brian Gutiérrez le dieron otra cara al equipo; encontraron espacios, pidieron la pelota y aportaron una intención distinta en los últimos metros. No fue suficiente. México empujó, pero por momentos pareció carente de opciones claras para romper a una Inglaterra que, aún con un jugador menos, supo cerrar caminos y conservar la ventaja.
La selección convocó a una ciudad completa, desde el estadio hasta las calles donde la gente eligió mirar el encuentro en comunidad. México cayó 3-2 ante Inglaterra y se despidió de la Copa del Mundo en una noche que ya era histórica antes siquiera del resultado. El Azteca tuvo su última función mundialista de 2026 con una afición que entendió el peso del momento. La selección no pudo avanzar, pero consiguió algo que pocas veces se sostiene; reunir a millones de personas alrededor de una misma expectativa y un mismo sueño. La Selección Mexicana le ofreció a millones de aficionados la posibilidad de sentirse parte de algo más grande. Cada uno de estos partidos abrió una pausa en la rutina y permitió que millones se reconocieran en los mismos colores. La escuadra azteca logró ilusionar y reunir a todo el país, incluso a quienes suelen mirar este deporte a la distancia. Eso es lo que genera el futbol: ilusión, ánimo, esperanza, una realidad diferente, 90 minutos para ser una misma nación.
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