La narrativa morenista sobre el nacionalismo mexicano se desploma, la falta de institucionalización del Partido Morena ahora se paga con creces.
Claudia Sheinbaum es víctima de la frialdad de los números. No se trataba de encuestas, no se trataba de asociarse con cualquiera.
La aprobación de las encuestas no se percibe en las calles, ni en la disposición a defender la soberanía de la Patria.
En efecto, Sheinbaum señalaba en los procesos electorales del año pasado que los puros de morena no ganaban en las encuestas y que no proyectaban rentabilidad electoral por lo que no parecía lógico proponerlos como candidatos; ahora, ¿Por qué es coherente disponer a esos fieles creyentes para activar el nacionalismo que Morena intenta rescatar contra Trump? ¿Cómo puede haber coherencia entre las técnicas del siglo XXI para ganar las elecciones y los métodos del siglo XIX para triunfar en la guerra contra Estados Unidos? En Puebla, el gobernador Rafael Moreno Valle utilizó la película “Cinco de Mayo: la batalla” para establecer una conciencia cívica local y desarrollar algún nacionalismo que favoreciera su estilo de gobernar.

No resultó.
Había una distorsión amplia entre los ideales liberales nacionalistas expresados el 5 de Mayo de 1862 y el morenovallismo, particularmente el grupo político patrimonialista que lo representaba. El proceso parece semejante en Morena.
¿Ha muerto el nacionalismo mexicano? No, simplemente lo ha venido matando el clientelismo, la pigmentocracia, la prostitución electoral y el patrimonialismo corruptor.
Robert Pastor establecía en los inicios del sexenio peñanietista, con sendos estudios demoscópicos, que aproximadamente el 70% de la población mexicana manifiesta acuerdo con integrarse económicamente a Estados Unidos e incluso vivir como en Norteamérica.
Alain Rouquie establecía que cuando la población mexicana en Estados Unidos se aproximara a los 63 millones de personas, México se podría considerar un Estado norteamericano. Las cifras son como son.
La clase política de Morena no fue seleccionada en base a los criterios del nacionalismo cardenista sino en base a su rentabilidad electoral. Los electores que apoyaron a los candidatos morenistas no son los fieles creyentes del nacionalismo juarista.
De ahí que las maledicencias sobre los conservadores y el Segundo Imperio; simplemente no tengan resonancia alguna.
Y todavía menos comprensión habrá si los tecnócratas morenistas siguen esperando que la China y su paciencia infinita inviertan en la economía mexicana.
La clase política morenista resulta indiferente a la grave situación que implica los signos trumpistas contra México.
La veleidad de la farándula, el patrimonialismo y las postverdades como políticas públicas distinguen al morenismo en diferentes ámbitos.

Es importante apoyar a la Presidenta Claudia Sheinbaum porque recupera una soledad estilo Volodomir Zelensky; paradójicamente, la oposición está siendo más responsable en su lealtad al sistema político que los propios morenistas.
Es fundamental hacer patente el estado de excepción que vive México y tomar las medidas extraordinarias que la situación exige.
El Covid19 fue un paréntesis que contuvo al trumpismo republicano convertido ahora en un Huracán, la falta de instituciones de control social contribuye a la ingobernabilidad que emplea el intervencionismo norteamericano para justificarse.
El reto de la Presidenta Claudia Sheinbaum es recuperar la narrativa de Estado y crecimiento económico para reconstruir las instituciones políticas, sociales y económicas.
Sheinbaum, como Churchill, sólo puede ofrecer lágrimas, sangre, sudor y sacrificio para un país que deberá correr en la oscuridad de la selva.
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