Alentados por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, políticos, empresarios y activistas que comparten las ideas de la derecha y la extrema derecha, en algo que podríamos denominar conservadurismo, empiezan a reunirse en torno al Comité de Acción Política Conservadora (CPAC).
Las reuniones de esta agrupación cuentan con la presencia de gobernantes latinoamericanos como Nayib Bukele o Javier Milei, así como representantes del movimiento MAGA estadounidense o dirigentes de partidos como Santiago Abascal de Vox de España.
De México es asistente asiduo Eduardo Verástegui, quien impulsa a su organización política Vida para obtener su registro como partido político, así como el empresario Ricardo Salinas Pliego.
Así como la Internacional Socialista impulsa y apoya los proyectos de los partidos socialdemócrata –aunque tengan al PRI en sus filas–, la Internacional Demócrata de Centro a los institutos políticos que coinciden con la democracia cristiana –el PAN forma parte de la misma– y otras agrupaciones como el Foro de Sao Paulo reúnen a partidos y gobiernos de corte populista de izquierda, CPAC busca servir de plataforma de promoción de proyectos de derecha y de extrema derecha.
La intención de contar con un organismo que apoye y difunda a los principales liderazgos de este sector, en lo que llaman una “batalla cultural”, nos da una idea de los alcances y objetivos que se persiguen.
En el caso de México –como apuntamos en algunas colaboraciones anteriores–, ante el éxito electoral que ha tenido Morena en las últimas elecciones, para la ciudadanía que no comparte ni las propuestas ni los métodos de practicar la política del partido guinda las alternativas escasean, pues el PRI no se ha podido librar de su pésima imagen que lo vincula con la corrupción, Movimiento Ciudadano no ha mostrado ser una opción viable –menos con los escándalos de su gobernador Samuel García– y el PAN sigue sin dar el paso para ofrecer propuestas atractivas dejando atrás su miedo a definirse claramente en el escenario político, ya sea como un partido de centro derecha o uno de extrema derecha.
El proceso para que las agrupaciones políticas obtengan su registro para convertirse en partidos, ofrece dos casos interesantes para revisar en el contexto de la presente colaboración: Somos México que cuenta con la participación de expolíticos provenientes del PRD y del PAN, quienes se apoyan en exfuncionarios de INE, así como con activistas que participaron en la Marea Rosa y otros grupos ciudadanos; además tenemos el caso de Vida de Eduardo Verástegui, que se inscribe en este escenario del impulso que tiene la extrema derecha en el seno del CPAC.
Ante un partido oficial que empieza a mostrar fisuras y conflictos internos –sin el líder que le daba cohesión–, con partidos tradicionales que siguen sin reaccionar al rechazo ciudadano, es posible que el esfuerzo para impulsar un proyecto de derecha –con el apoyo del trumpismo y de empresarios nacionales– pueda avanzar en los siguientes comicios que tengamos.
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