Quien diría que, con esa cara de abuelito bonachón, de ojitos medio abiertos, que le valió el sobrenombre que le puso Donald Trump de “Biden dormilón”, detrás de esa carita dulce está un “viejo gritón”, una gárgola malhumorada que se desquita con cualquiera que se le ponga enfrente cuando algo le sale mal o lo pone de malas, no se diga cuando se trata de las tropelías de su querido hijo Hunter Biden.
Pero para sus asesores, recibir una ola de gritos es un ritual de iniciación, si “Biden no te grita, no te respeta”.
Un artículo publicado por Alex Thompson en Axios titulado “Old Yeller, la furia privada de Biden”, indica que en privado el presidente tiende a gritar, es de mecha bien corta y que, a puerta cerrada su temperamento explota cual vil volcán a tal grado que sus asesores evitan reunirse a solas con él.
Las expresiones más socorridas del presidente son: “maldita sea, cómo diablos no sabes esto?”, “No me jodas” y “¡Fuera la mierda de aquí!”.
Cualquiera se pregunta si la segunda frase no se la aplicó al Servicio Secreto cuando se conoció el asunto de la cocaína en el ala oeste, y que el temita ha servido para hacer chistes y burlas, antes no les aventó algún cenicero con el escudo del gobierno de los Estados Unidos.
“Biden gritón” es adicto a la terapia “cuchillito de madera”, se desahoga en forma de interrogatorios enojados y no a través de berrinches erráticos. Interroga a sus ayudantes una y otra vez hasta que queda claro que no saben la respuesta.
Algunos empleados consideran que recibir los gritos presidenciales es una forma interna de “rito de iniciación”. “Si Biden no te grita, es que no te respeta”, dicen los que ya recibieron el bautizo.
El chiste es que “nadie está a salvo” dijo una fuente de la Casa Blanca, ¿cómo estará ahora que las “travesuras” de su hijo y sus adicciones andan en los tabloides?
Habrá varios que estarán sufriendo las explosiones de su carácter volcánico, quien lo viera con ese look de gorrita azul con lentes de aviador y sonriente, y más cuando anda de vacaciones en su bicicleta. Chris Whipple, autor de “The Fight of his life: Inside Joe Biden´s White House” (La lucha de su vida:
Dentro de la Casa Blanca de Joe Biden) comenta que el temperamento de Biden es real, no son mentiras y en su libro cita a la ex secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki:
“Le dije (a Biden) varias veces: sabré que tenemos una relación realmente buena y de confianza cuando me grites la primera vez”.
Lo malo es que a veces el presidente no se aguanta y se le sale el carácter, en una ocasión en una entrevista espontánea le dijo a Peter Doocy de Fox News “estúpido hijo de puta”.
Otro testimonio interesante es de Jeff Connaughton, ex asistente de campaña, quien señala que Biden cuando era senador, era un “autócrata ególatra …decidido a manejar a su personal a través del miedo”. Así que el conocido “tío Joe” resultó con una lengua más afilada que una navaja y toda una gárgola detrás de ese rostro amable. “Sleepy Biden” ¿en serio? O más bien “Old Yeller”.
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