Aunque la oposición pretende recuperarse del maremágnum que representó el proceso electoral del 2024, más allá de investigar las causas de la derrota y analizar la prospectiva para adquirir un nuevo protagonismo, los partidos adversos al morenismo se inundan en las divisiones internas.
El avance de la mayoría legislativa de la Cuarta Transformación ha impuesto una celeridad y carga de temas en la palestra, que se hace necesaria una forma nueva de la política; ahora se necesitan políticos profesionales en muchos temas y no sólo tecnócratas.
Sin embargo, la concentración de los partidos en sus procesos internos y los intereses de las élites por mantener sus espacios de influencia, muestran que la clase política no está tan preocupada por el cambio de régimen que representa la nueva era del humanismo mexicano.
Claudia Sheinbaum podría gobernar como Macron en Francia, de espaldas a los partidos políticos y con la ejecución de políticas públicas exitosas.
El sistema de partidos simplemente ha dejado de ser operativo y vinculante con el sistema político, no quieren representar a los sectores sociales que votaron por ellos y no están capacitados para el debate que propone la Cuarta Transformación respecto al futuro del país.
Las élites tradicionales están preocupadas por preservar círculo interno en sus partidos, jamás han estado turbados por el cambio de régimen y la supervivencia de la democracia.

Sólo así puede explicarse que después de los resultados en las elecciones pasadas, el PAN se encamine a un proceso de selección interna que será desgastante y provocará divisiones, así como transfuguismos, que terminarán por beneficiar al Partido Oficial.
Acción Nacional retoma el modelo organizacional que le permitió subsistir en la época del PRI Hegemónico y no cambia sus usos y costumbres. Es más probable que el PAN se convierta en otro partido satélite del morenismo y, después de las elecciones del 2027, deje de ser el entero que representa la oposición.
La campaña interna en el PAN es un proceso innecesario en contextos como el presente.
Acción Nacional tiene que cambiar de época y resolver sus dilemas con la modernidad.
Se trata de hacer cosas diferentes para un régimen que ha cambiado, quizá definitivamente, la historia del país.
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