Las categorías de análisis sobre conflictos internacionales reconocen diferentes tipos de guerras: imperialistas, de resistencia, justas e injustas. Los ataques del presidente Donald Trump contra posiciones presuntamente nucleares de Irán constituyen, a pesar de la posibilidad de que sean válidas las razones de temor a un fortalecimiento nuclear de Irán, una guerra irresponsable.
Irán no es un país estable, ha iniciado y padecido guerras con razones superficiales y constituye una nación que tiene inestable la zona energética del Medio Oriente.
Las razones de Israel y Estados Unidos para atacar a Irán insisten en que ese país islámico está a punto de armar bombas nucleares ofensivas y por razones imperiales prácticamente solo de Estados Unidos puede decidir qué país podría desarrollar una industria nuclear propia, pero a condición de alejarse de cualquier posibilidad de construir bombas ofensivas.
Los países subdesarrollados del Medio Oriente han buscado desde el a finales de los años setenta la posibilidad de desarrollar una industria nuclear con capacidad militar. El líder libio Gadafi fue arrinconado cuando se sospechó que estaba a punto de armar una bomba, el presidente Bush Jr. invadió Irak después de los atentados del 9/11 del 2001 en busca de armas de destrucción masiva en ese momento más químicas que nucleares, Irán lleva casi 20 años desarrollando una industria nuclear propia para producir energía pero con la sospecha de planes militares.
Son ciertas preocupaciones de Occidente de que Irán no entiende razones para documentar la realidad de su industria nuclear y para comprometerse a no fabricar armas ofensivas, pero a muchos no les gusta reconocer que como país soberano Irán puede optar por construir una industria nuclear militar, igual a la que tiene Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Rusia, China y dicen que hasta la India. Ningún país puede acreditarse el poder absoluto para decidir quién sí puede y quién no puede entrar al ámbito nuclear militar.
No debe olvidarse que el presidente Bush Jr., con la complicidad del premier británico Tony Blair, falsificó información de inteligencia para denunciar que Sadam Hussein tenía ya armas de destrucción masiva y lanzó una invasión que deshizo Irak y llegó colgar a Hussein en la horca, pero sin encontrar ni una mínima pista de esas armas.
El hecho de que el presidente Donald Trump haya portado durante todo el sábado de la ofensiva su gorra de MAGA —make América great again, hacer grande otra vez a Estados Unidos– fue más bien un mensaje para politizar una decisión tan grave como lanzar bombas contra instalaciones de otro país en un acto de abuso de poder extraterritorial que una preocupación por salvar al mundo de una locura nuclear iraní.
En este contexto es muy grave que la guerra irresponsable de Estados Unidos contra Irán sea el arranque de la campaña de reelección del presidente Trump para un tercer periodo que la Constitución le prohíbe, pero que en el pasado sirvieron las guerras para fortalecer presidencias americanas.
Sin la ONU, con la oposición de otras potencias no occidentales y solo la alianza de Estados Unidos e Israel, la guerra irresponsable de Trump está llevando al planeta a una nueva guerra mundial… nuclear.
