Hace casi 75 años, el rector de la UNAM Luis Garrido envió al Consejo Universitario el proyecto elaborado por Lucio Mendieta y Núñez para crear la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, y dadas sus bondades fue aprobado en mayo de 1951. En el Consejo Universitario unos querían la demagogia y el populismo y hacer una escuela de discursos teóricos, sin sustancia. Otros pidieron elegir lo ya probado y acreditado en otras latitudes, el modelo de la escuela francesa y el de Bélgica. La primera generación de estudiantes fue de 126 personas, de los que el 90% eran hombres.
Su primer director, Ernesto Enríquez Coyro, se enfrentó al serio problema de elaborar un plan de estudios coherente con los objetivos de la nueva escuela. En un discurso con motivo de su 25 aniversario, Enríquez recordó que “lo que necesitaba en la escuela era proporcionar una base cultural y una experiencia para investigar. Si no se hace esto, se es un político teórico, un político que inventa cosas, que improvisa. Por cada peso que México gasta bien, se gastan otros veinte en proyectos inventados… En la escuela había tres grupos de alumnos: uno de fósiles, que lo que quería era contar con una inscripción para seguir actuando en política; un segundo grupo de gente curiosa que iba por conocer lo que la Escuela les podía ofrecer; y un tercer grupo, muy distinguido, de gente que deveras quería estudiar y que durante los años que estuve ahí se dedicó a hacerlo con verdadero empeño.”
En octubre de 2024 existe una convocatoria emitida por la Secretaría General de la UNAM para un proceso de auscultación que lleve a renovar la dirección de la Facultad. En sus 73 años la dirección ha tenido 16 titulares, 13 hombres y 3 mujeres, solo tuvieron reelección, los dos Fernando, Pérez Correa y Castañeda. Parece que para nivelar el barco debe ser este tiempo todavía de mantener una dirección femenina.
Las auscultaciones hechas entre la comunidad estudiantil y docente en días pasados dieron a saber que hay alrededor de 20 aspirantes, algunos de ficción o en busca de premios colaterales, a sabiendas que no tienen atributos ni capacidades, solo hay unas cuantas personas con posibilidades reales y menos las de capacidades efectivas para ese tipo de cargos.
Están los seguidores de Pérez Correa, Fernando Ayala y Jorge Márquez, que se han desempeñado como docentes en la coordinación de ciencia política; ahí también está Karla Valverde, Coordinadora del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, ligada a la actual directora Carola García; el joven investigador Moisés Garduño; Verónica Romero, con ninguna experiencia administrativa y también ya palomeada por la actual directora; Fausto Quintana, Coordinador de Relaciones Internacionales; Adriana Reynaga, actualmente consejera técnica, entre otros aspirantes.
Se esperaba que Carlos Imaz alzara la mano, por sus relaciones personales, pero la edad y el desprestigio de su paso por la Delegación de Tlalpan aconsejaron abstenerse, su carta es Arturo Chávez (quién ha preferido aspirar a un cargo en la nueva Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, bajo el mando de Rosaura Ruíz), ambos personajes buscan impulsar a alguna persona al amparo de una influencia gubernamental en el proceso. Inesperadamente salió con cuantiosos votos el nombre de la actual secretaria general, Patricia Martínez Torreblanca, que no ha necesitado de doctorados para dar estabilidad a la conflictiva situación que desde hace años se vive en la relación sindical y administrativa de la Facultad.
En la situación actual se requiere ir más allá de los intereses ocultos por perpetrarse en la cómoda dirección de la FCPS, sin proyectos que aporten a la comunidad universitaria, a la UNAM y al país.
Realmente es a sombroso ver que, como incentivo de logro sindical, se presuma dar 40 minutos de tolerancia al personal sindicalizado para llegar a sus labores. Pero las pasadas direcciones han preferido ver la orilla, para no tener problemas, y habría que analizar muchos otros aspectos de lo cotidiano en el campus que no está en los libros de la ciencia política.
Esa facultad tiene años sin poder despuntar para constituirse como una institución líder en el conjunto universitario del país. Requiere de energía, vocación, imaginación para sumar esfuerzos y aportar algo.
Lo de menos son los nombres, hay que analizar el perfil que requiere la dirección de la FCPYS hoy día y de cara al futuro, pues la UNAM cumplirá cien años de autonomía, y la Facultad ya muy pronto tendrá 75 años. Los aspirantes a la dirección no solo deben cubrir requisitos literarios y docentes, muchas horas de clases, cientos de cuartillas escritas, algunos libros publicados, quizás muchos de ellos en las bodegas de las editoriales, sino debe acreditar capacidades de manejo de procesos administrativos, resolución de conflictos, disposición de diálogo, deambular por los pasillos y patios, conocer los salones, estrechar las inquietudes de profesores y alumnos, mostrar habilidades para la gestión de crisis, trabajo en equipo, proyectos de desarrollo institucional en beneficio de la comunidad universitaria.
Hasta hoy la rectoría universitaria ha sido prudente, centrada en su papel de cuidar el ámbito del saber científico y humanístico, la política se hace en otras arenas y tiempos.
Únete al canal de WhatsApp de El Independiente y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

